En 1977, un príncipe saudí se llevó de Alaska un iceberg milenario de 2 toneladas para solucionar la crisis mundial del agua. Terminó poniendo hielo a los cubatas

En los años 70, Arabia Saudí tenía tal cantidad de reservas de petróleo que podía permitirse cualquier locura gracias al dinero que entraba a espuertas. Sin embargo, lo que sobraba de ese oro negro, faltaba de un bien esencial, el agua, así que el príncipe Mohamed al Faisal creyó conveniente aprovechar la pasta gansa que entraba de un líquido para garantizarse el otro.
En cualquier mente de a pie, eso probablemente habría derivado en dar forma a un ambicioso sistema para desalar agua del mar y convertirla en potable, pero como ya habrás imaginado, la mente de un rico con más dinero que poros en la piel no funciona exactamente igual. La solución al agua de Arabia Saudí pasaría por remolcar icebergs desde la Antártida hasta el desierto. Sí, me temo que lo has leído bien.
Bajo esa premisa nace la Iceberg Transport International, una compañía destinada a investigar y perpetrar esa demencial tarea. Tras publicarse análisis científicos que indicaban cómo localizar, transportar y proteger del calor durante el viaje a los iceberg de 100 millones de toneladas que debían viajar hasta el Mar Rojo, en octubre de 1977 se decide que, bueno, va siendo hora de ponerse manos a la obra.