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Es el dato que casi ninguna compañía de videojuegos nos quiere contar, y sin él cada vez es más difícil entender cómo funciona esta industria

Es el dato que casi ninguna compañía de videojuegos nos quiere contar, y sin él cada vez es más difícil entender cómo funciona esta industria

La industria del videojuego está en crisis. Llevamos años escuchando este mantra y no parece que se vaya a diluir en el futuro próximo. ¿Puede realmente una crisis pasar a conformar la nueva realidad? En teoría económica, las crisis suelen circunscribirse a periodos de inestabilidad muy intensos pero acotados en el tiempo. Sin embargo, hay un abismo entre la teoría y la práctica. Como a mucha gente de mi generación, nunca he conseguido quitarme de encima la sensación de crisis desde la catástrofe financiera de 2008. Aquel estropicio se alargó durante años y dio al traste con la progresión vital de millones de jóvenes que se incorporaban al mercado laboral en ese periodo, pero aunque los indicadores económicos empezaran a remontar a partir del año 2015, cualquiera que guarde en su memoria el periodo anterior sabe que las cosas nunca volvieron a ser como antes. Hubo un cambio de paradigma. Algo se rompió y nunca consiguió restablecerse.

De manera generalizada, los estados occidentales priorizaron la salvaguarda de los privilegios de una generación ya asentada en la vida respecto a las venideras, y esas consignas se mantienen inalteradas.