Trabajar en el Palacio Real de Madrid como personal de limpieza: “Si forma parte de la historia, limpiarla no basta, hay que saber conservarla”

Si alguna vez has visitado el Palacio Real de Madrid, probablemente te habrás quedado embobado mirando la belleza de sus cuadros, la inmensidad de sus salones, o todos esos techos que parecen sacados de una película. Puede que, puestos a maravillarte, incluso las lámparas te hayan robado más de un segundo de admiración. Bastantes más, de hecho, porque hay más de 200 lámparas históricas que cuelgan de esos techos, y todas y cada una de ellas son parte de la historia.
Convertidas en parte del tesoro de Patrimonio Nacional, no son las típicas lámparas a las que pasarle un plumero de tanto en tanto para sacar el polvo. De hecho, de la mano de un sistema que se utiliza en todos los Palacios Reales, lo que se hace para limpiarlas es usar una piscina. Hasta ahí todo bien, aparentemente, tiene lógica. El problema es que, en realidad, no las sacan de su sitio en el proceso.
Mediante unas enormes piscinas que se colocaban bajo las lámparas y se sujetan con trípodes, un sistema de pulverización trabaja sobre ellas para limpiar y pulir al máximo el cristal y el bronce sin dañarlas.