Tres ingenieros conectaron ChatGPT, Claude y Grok a un Toyota Corolla para comprobar si podían conducir. Sólo una IA consiguió terminar el circuito

Que una IA consiga conducir un vehículo está lejos de ser lo más espectacular que puedas leer hoy. Llevamos años escuchando hablar de vehículos autónomos y, de hecho, en muchas ciudades ya conducen con relativa normalidad de la mano de gente como tú y como yo (pero con bastante más dinero, eso sí) y taxis sin conductor. Sin embargo, hay una aclaración que sí hace única a esa fórmula.
El experimento realizado por tres ingenieros de San Francisco no se agarra a las inteligencias artificiales entrenadas para conducir un vehículo autónomo. Lo que hicieron fue poner al volante a las IAs de ChatGPT, Claude y Grok que usamos el resto de mortales, darles una cámara, e invitarlas a conducir del punto A al B sin haberles enseñado cómo hacerlo. Pronto descubrieron que lo de conducir iba a ser el menor de los problemas.
Tras adaptar un Toyota Corolla para el experimento, diseñar un circuito de conos en un aparcamiento y limitar la velocidad del vehículo para evitar riesgos, descubrieron que ni eso ni la persona que se había quedado al volante para pisar el freno ante cualquier atisbo de peligro iba a ser necesario. Sencillamente, las IAs se negaban a conducir.