Una de las grandes sorpresas del año. Un survival horror que recuerda a Silent Hill, pero va más allá

Aunque hasta cierto punto es simplificar las cosas, si no conoces Silver Pines todavía creo que la mejor manera de definirlo es como jugar a un Silent Hill en 2D. No creo que el equipo de Wych Elm lo esconda, en el fondo, porque tanto el pueblo de la América profunda que representan como la propia estética y en cierto modo hasta los monstruos y el terror psicológico forman parte del universo reconocido de la franquicia de Konami.
Incluso se ha dado la bendita casualidad de que la forma de guardar partida es exactamente la misma que tenemos en Silent Hill Townfall, marcando el número de teléfono para hacer ese guardado manual que es más importante que nunca. La premisa, un detective privado llamado Red Walker que llega al pueblo de Silver Pines para investigar el paradero de un músico llamado Eddie Velvet, también es el preámbulo de algo mucho más oscuro y personal para nuestro protagonista.
Lo bueno es que donde debe ser suyo, Silver Pines funciona. Lo que más me ha interesado de él sin duda es esa estructura de Metroidvania a la que se aproxima desde el realismo.